"En general, nada es lo que parece" (A. N. Choa)

domingo, 12 de junio de 2011

15 - El equipo


Apoyé el aparato en la mesa, y dirigí la mirada hacia la puerta del bar, tratando de no distraerme con el cartel municipal.

Justo en ese momento entró corriendo Johnatan, tratando de protegerse de la llovizna, y se fue hacia la cocina, dedicándole una mirada a Candela, que seguía parada en la puerta

Entrecerré los ojos para enfocar mejor el fondo del local, y pude ver cómo empezaba a bajar, por el hueco de la escalera de caracol, esa luz tenue que iba virando del naranja al azul, del azul al verde, y del verde de nuevo al naranja, para recomenzar el ciclo.

Me di cuenta en ese momento que mi observación desde ese puesto sólo iba a poder ser visual, porque no llegaban hasta la vereda ni el aroma a sahumerio ni la música extraña que solían acompañar a las luces.

Entonces se me ocurrió ver qué pasaba con la puerta celeste. Ví que seguía cerrada, pero pude comprobar que, en los vidrios verticales se reproducían ahora, en perfecta sincronía con lo que estaba ocurriendo en el fondo, los cambios de color de la luz

Tal como ya lo había verificado aquella vez que, intentando obtener información de doña Moderación me tocó presenciar el "show" (como lo acababa de definir Anchoa), la actividad en el interior del bar no parecía verse afectada por el fenómeno. Todos, por lo visto, estaban acostumbrados: la encargada seguía sentada detrás de la caja registradora, aparentemente haciendo un recuento de la recaudación de la mañana. El cocinero vikingo/croata se movía de un lado a otro de la cocina haciendo sus cosas de cocinero. Johnatan barría desganado el piso del local, aprovechando que no había ni un solo cliente, sin dejar de llenarse la cabeza y el corazón de tangos trágicos mediante su aparatito de música. Y Candela se aburría en la puerta, cruzada de brazos y recostada contra el marco.
Sí: a su izquierda seguía, intrigante, ese cartel municipal antiguo pero flamante, que parecía haberse materializado de la nada esa misma mañana.

Prip! -¿Me copia, tordo?
Prip! -Sí hombre, lo copio.
No entendía muy bien la necesidad de tener que usar un léxico propio de radioaficionados para hablar por un aparato que, salvo por el asunto del botoncito ese que había que apretar, era prácticamente un teléfono celular. Pero sin darme cuenta, terminaba siguiéndole la corriente a Anchoa.
Prip! -¿Cómo ve la cosa adentro?
Prip! -Todo normal, casi aburrido si no fuera por las luces

Prip! -Me copiás, Fusa?
Prip! -¡Sí jefe, fuerte y claro! ¡Acá, en el puesto dos, sin novedades!
Prip! -¿Popote?
Prip! -¡Puesto tres, idem!
Me quedé helado: cuando más o menos me estaba habituando a la idea de dos puestos de observación, me vine a dar cuenta de que Anchoa había organizado un despliegue digno de una película de acción y espionaje. Y los otros dos observadores eran ni más ni menos que dos de los cuatro barrabravas de Excursionistas que formaban esa especie de guardia de honor que rodeaba a Anchoa en la tribuna. ¡Y estábamos todos intercomunicados!

Prip! -¿Pascua?
Prip! -¡Todo Ok en el cuatro, Anchoa! ¡Saludos de Cosme!
¡Cosme, el frutero! Giré inmediatamente en la silla, y ahí lo vi a Pascua, mordisqueando un kiwi, con su propio handy en la mano, entre los cajones de la frutería, al otro lado de la avenida. Otro miembro de la guardia.
Sólo faltaba El Soldado.

Prip! -¿Ya hizo la cuenta, tordo? A ése lo tengo en misión secreta
-¿Usted está loco? ¿En qué camándula me está queriendo met..
Prip! -Si no aprieta no escucho nada. Apriete para hablar y suelte para escuchar. ¡Pensé que ya se lo había aprendido!
Prip! -¡Es que me pone nervioso! A Pascua ya lo ví. Los otros dos que hablaron, ¿dónde caracho están?
Prip! -Fusa en la barrera, al lado de la calesita
Giré hacia mi derecha, y allá estaba, nomás, haciendo como que miraba si venía el tren. Pero sacó una mano del bolsillo, y me saludó disimuladamente con el pulgar hacia arriba.
Prip! -Ya lo veo ¿Y Popote?
Prip! -En la otra esquina, en el kiosco de diarios.
Esta vez giré hacia mi izquierda, y, como en las películas de espías, el tipo bajó el diario que simulaba leer, y me hizo un leve movimiento con la cabeza, de arriba hacia abajo.
Prip! -Ya está. Veo que se trajo al equipo completo.
Prip! -Je! Se hace lo que se puede, tordo.

Mientras tanto, en el fondo del bar y en los vidrios de la puerta celeste, las luces cambiaban de color cada vez más rápido. Miré hacia el primer piso, y como el cielo estaba oscuro, se podía apreciar que el fenómeno se reproducía también en las ranuras de las persianas que dan al balcón.

De pronto, tal como aquella vez, la luz quedó fija en el color naranja durante unos diez segundos, y comenzó a atenuarse lentamente, hasta apagarse.
Recordé que en aquella oportunidad, llegado este punto, también se atenuaba el aroma a sahumerio, y lo mismo pasaba con la música, que era reemplazada por aquel sonido tan extraño, y a la vez tan familiar.
Pero como desde mi puesto de observación solamente podía obtener información visual, decidí prestar atención a la actitud que adoptaban doña Moderación, Svebor, Candela y Johnatan.
Igual que esa vez, pude ver cómo los cuatro quedaron como suspendidos, mirando fijamente a un mismo punto en el techo del local, hasta que al cabo de unos segundos, retomó cada uno lo que venía haciendo

La llovizna, lejos de amainar, parecía querer progresar a lluvia, y, a pesar de tener el paraguas abierto, ya me estaba empezando a mojar. Así que me paré para pasarme a una de las mesas de adentro.

Entonces volvió a soplar Anchoa a través del handy:
Prip! -¡Siéntese, tordo! ¡Atentos todos! Empieza la segunda fase

- CONTINUARÁ -

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8 comentarios:

  1. (Usté se está metiendo en camisa de once varas, Tordo. Yo ya lo previne. Pip)
    ASG

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  2. Usted cree?
    Parecen buenos muchachos...

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  3. Segunda fase!????
    Once Varas!?????
    Por más que recorrí Lacroze, no encontré el bar. Lo hice con el interés de desentrañar el misterio, ahora que me puse al día.
    No lo encontré.
    Debo tomar algunas lecciones más del detective Choa.

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  5. Baje por Lacroze como yendo de Chacarita hacia Libertador. Ni bien cruza la vía que viene después de Cramer, a mano derecha, hay una calesita, un edificio, y el bar. El problema es que cerró hace más o menos un año. Sólo quedan un par de cortinas metálicas bajas llenas de graffitis en la planta baja, y el misteriosos cartel del balcón del primer piso. Está todo en alquiler...Mecachendié

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  6. He leído, cual si fuera un juego rayueleano, este capítulo y ya tengo ganas de saber qué pasará en la segunda fase. Aguarde un poco, así me actualizo, porque los post anteriores tendrán lo suyo.

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  7. Boris:
    Yo lo sujeto todo lo que puedo, pero el capítulo 16 pugna por salir, como poroto de la chaucha

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  8. Uy, si habrè pasado x ese bar! yo vivìa en Arredondo y Alvarez Thomas, frente a la plaza...y mamà me compraba los zapatos en "Marcelo" cerca de la calesita!! Porfis no tarde con el proximo capitulo que me muero de curiosidad!

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